Un café limpio y jugoso con notas de moras, nectarina, panela y rosa. La acidez es brillante pero equilibrada, con una dulzura natural que envuelve toda la experiencia. Un clásico etíope lavado con una elegancia floral que permanece en el retrogusto.
Este lote proviene de la comunidad de Taferi Kela, en la región de Sidama, a una altitud de 2.100–2.210 msnm. Está compuesto por variedades Heirloom cultivadas por pequeños agricultores que trabajan en un entorno agroforestal tradicional.
Se trata de un lavado etíope clásico: despulpado, fermentación de 24–36 horas en tanques de concreto con agua, lavado y selección de flotadores, seguido de un secado lento de 8 a 15 días en camas elevadas. Finalmente, el café reposa en bodega para estabilizar su humedad y desarrollar su perfil aromático.
Este café nos llega a través de nuestros amigos de Bette Buna, cuyo nombre significa “Casa del Café”. Su trabajo en Taferi Kela va mucho más allá del café: fortalecen la comunidad enseñando prácticas agrícolas sostenibles, promoviendo la recolección de cerezas maduras y distribuyendo más de 350.000 plántulas al año, adaptadas al cambio climático.
Su impacto económico es enorme: cada plántula puede generar al agricultor al menos 2 dólares al año una vez que el árbol produce, lo que supone más de 650.000 dólares anuales en una región donde los ingresos familiares son extremadamente bajos.
Bette Buna también destaca por su igualdad de oportunidades y por ofrecer empleo digno a personas con discapacidad, madres solteras y grupos marginados. Su nivel de trazabilidad es excepcional: cada lote identifica a quienes recolectaron, procesaron y secaron el café, garantizando salarios justos y transparencia total.
Un café vibrante y limpio, con una dulzura natural que recuerda a frutas maduras, notas de cacao suave y un final jugoso. Su perfil aromático destaca por la claridad y la elegancia, perfecto para quienes buscan una taza equilibrada y expresiva.
Este lote ha sido procesado con un método cuidadosamente controlado que respeta el carácter del grano. Tras la recolección manual, las cerezas se seleccionan por madurez y se someten a un proceso que potencia su dulzor y su complejidad. El secado lento y uniforme permite conservar la pureza del sabor y la textura sedosa en taza.
Proveniente de pequeños productores que trabajan con prácticas sostenibles, este café refleja la tradición y el conocimiento de generaciones dedicadas al cultivo. Cada cosecha es el resultado de un trabajo artesanal que honra la tierra, el clima y la cultura cafetera de su origen.